Madre soltera

sábado, 5 de septiembre de 2009

Victoria mordía nerviosa sus labios, acongojada. Cerró los ojos y dio un suspiro esperanzador que sació sus deseos de acabar con las dudas. Había roto el chanchito. Separó los pedazos de greda de las monedas y estas últimas las contó en voz baja, silenciando de alguna manera la impresión de no haber juntado lo suficiente en tres meses.
Frunció el ceño, decepcionada. “¡No puede ser!, ¿qué le daré de comer a mi pobre guagua?, ni siquiera tengo plata pal´ pan”, pensaba Victoria para sí.
Acercándose sutilmente al cuerpo dormido del bebé, besó su fría frente, contemplando con algo de envidia su actitud tan fresca y despreocupada al soñar; siempre con la misma expresión de indiferencia, rasgos alegres, pestañas largas, cutis bello y reluciente. A diferencia de Victoria, jamás fruncía el ceño; permanecía pálido y sereno pese a los regaños de su madre. En tales ocasiones, Victoria optaba por olvidar el enfado y luego sostenía en sus brazos al crío, ¿para qué pelear si no recibía una sola queja de injusticia de la criatura?, acababa en un incómodo monólogo de dos minutos.
Pero volvía al problema: ¿qué haría ahora sin un solo peso para mantener la casa? Desesperada, Victoria se echaba a llorar en un mar de impedimentos, cuando alguien tocó la puerta.
- Pase… - dijo de mala manera.
- Está la mesa puesta, Victoria - dijo la madre. ¿Qué pasó?
- No tengo plata, mamá. Mi guagua se morirá de hambre.
No es fácil ser madre soltera, menos aún si se tiene cuatro años de edad.

Segundo lugar, Categoría A, Concurso Literario Juventud Providencia: Stefania Giordano, alumna del Liceo Carmela Carvajal.

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